La trampa de lo cultural: cómo se justifica la desigualdad
En muchas conversaciones sobre derechos de las personas LGBTIQ+ aparece una frase que suena razonable: “esto es un tema cultural”. A veces se usa para explicar la discriminación, otras para justificar su persistencia y, en no pocos casos, para frenar demandas de igualdad plena. Pero detenernos allí, sin cuestionar lo que implica esa afirmación, puede ser profundamente limitante. Sí, la discriminación tiene raíces culturales. Pero asumir que, por ser cultural, es casi inmodificable —o que solo puede cambiar lentamente con el tiempo— tiene consecuencias concretas: nos empuja a conformarnos, a negociar derechos, a aceptar avances parciales como si fueran suficientes. Así, la desigualdad deja de ser un problema urgente y se convierte en una condición a gestionar. Cuando lo “cultural” se convierte en límite, surge una pregunta clave: ¿qué está en el centro? La dignidad humana es la respuesta, y la dignidad no puede esperar a la cultura. La historia demuestra que la cultura no cambi...